martes, 24 de mayo de 2016

AHORA SÍ TE LLOVERÁN LOS HOMENAJES, OSWALDO

Oswaldo Reynoso, quizás el mejor escritor peruano de narrativa urbana del siglo XX, se nos fue en la madrugada de hoy, justo en la hora en que él solía sentarse a la mesa de un bar para enseñarnos cómo se debía comportar un verdadero escritor, a diferencia de esos productos editoriales como los que hoy abundan bajo el membrete de "escritores".
Para nosotros siempre fue el mejor, no solo porque escribía bien, si no porque lo podíamos leer a limpias, sin que nadie nos empujara a hacerlo; cosa que no sucedió con Vargas Llosa por ejemplo, a quien leíamos porque era necesario estar al día con lo último de sus creaciones y no quedar marginados de las conversaciones literarias. 
Aprendimos a admirarlo en nuestra época escolar, cuando su extraordinaria novela "En octubre no hay milagros" publicada en la serie populibros que editaba Manuel Scorza, llegó a nuestras manos. Imaginábamos al autor como uno de esos personajes de su novela: ágiles, controversiales, rebeldes, agresivos, pero siempre realistas, que podíamos encontrarlos a la vuelta de nuestra casa, porque en todos los barrios siempre han existido protagonistas de historias truculentas que pocos se atrevían a mostrar, pese a que estaban a la vista y en la boca de todo el vecindario.
Conocer personalmente a Oswaldo fue uno de los momentos más memorables de nuestras vidas, físicamente se veía como un tipo fortachón, de cabellera maciza y gris, de hablar pausado pero de ideas agudas. Luego que presentamos un libro nuestro en cierta Feria Internacional del Libro, salimos a fisgonear libros en los estantes cuando lo vimos sentado a una mesa, solitario, como esperando a alguien; mientras a su lado, en otra mesa, un escritor español -de quien apenas habíamos visto alguna portada de sus libros- atendía a una larga cola de gente ansiosa de un autógrafo. El panorama era un poco desalentador para nuestro Oswaldo -al fin y al cabo eso siempre le hacen a los grandes escritores-, pero para nosotros fue una ocasión para tener todo el tiempo del mundo con él. Así que nos presentamos como admiradores y en medio de la conversación descubrimos que teníamos amigos comunes. 
A partir de esa oportunidad volvimos a encontrarnos cotidianamente en diversas reuniones literarias en donde departimos largas o breves, reveladoras y entretenidas conversaciones sobre literatura, chismes o su querida Cantuta que tanto amó. Esperábamos estas charlas se dieran por muchos años más; pero el gran Oswaldo se nos fue antes. Aún recordamos la última vez de que nos encontramos en una reunión de SM Perú, allí le propusimos otorgarle el Premio Palabra en Libertad, galardón que la Sociedad Literaria Amantes del País entrega a escritores vivos. Él nos miró sorprendido, tomó el periódico En negro/blanco que le dimos y en cuya página central estaba publicada una lista de los premiados, y nos dijo: "yo ya estoy demasiado viejo para ésto". Él se sabía enfermo y quizás intuía que los grandes homenajes recién le llegarían después de muerto, como a todo legendario escritor le ha pasado.

martes, 13 de octubre de 2015

HISTORIA DE CUYES

Hace poco se le ha rendido merecido homenaje a un personaje muy querido y que ha marcado historia en los cómics del Perú: el Cuy de Juan Acevedo. Pero este personaje representando al rodedor americano no es el único que ha existido. Unos años antes había nacido Cuyín -y sin falsa modestia- por obra de nuestra creatividad adolescente.El mismo Juan Acevedo declara que su Cuy vio la luz pública en el año 1979 en el semanario La calle, pero que lo había creado dos años antes, cuando vivía en San Isidro.  En contraparte, nuestro cuy nació oficialmente en 1975 -cuando éramos estudiantes de secundaria-, al ser publicado por primera vez en la revista infantil Urpi; sin embargo los bosquejos iniciales los hicimos desde 1972. Pensábamos que así como en Estados Unidos tenían su ratón Mickey, en el Perú faltaba su cuy autóctono.
Cuyín fue un personaje inmerso dentro de la efervescencia nacionalista de esa década. Nuestra pretensión era construir un mundo infantil lleno de animales peruanos con personajes que vivían en un imaginario barrio de Lima llamado Siete suelas y, por supuesto, a parte del cuy, eran vecinos Maquisapa, Taruco, Sachavaca o Paujil, personajes creados en nuestro humilde cuarto de la casa de Comas. La idea no cuajó, pero quedaron los personajes y el primero que pudimos llevar a una redacción fue Cuyín, el cual fue recibido entusiastamente por Gladys Padró, entonces editora de Urpi, suplemento del diario La Prensa.
Fue uno de los momentos más memorables de nuestra vida porque tuvimos el honor de conocer, en medio del trabajo, a gente importante que nos inculcó el amor no solo por el dibujo, sino por la literatura y el periodismo.
En todo este trajín de muchachos inquietos siempre nos acompañó nuestro padre. Él se encargó de registrar en la Biblioteca Nacional del Perú la memoria descriptiva de Cuyín, y tambíen de cobrar nuestros primeros honorarios que el diario La Prensa nos pagó por publicar en Urpi, ya que aún éramos menores de edad; por lo que si algún registro de ello queda, seguro aparecerá el nombre de Federico Ataucuri y no el nuestro.
Facsímil del fragmento de la página 107 del Boletín Temas 73-86 de la Biblioteca Nacional del Perú.

Las historietas que publicamos en Urpi, tenían como personaje central a nuestro cuy, y giraban en torno a la fauna y flora peruana, con algunas historias graciosas en las cuales Cuyín resultaba el protector y difusor del medio ambiente, jamás imaginamos que eso iba ser parte sustancial de lo que hoy conocemos como defensa de la ecología. Debemos revelar que por nuestra inexperiencia, los originales dibujados a tinta y plumilla se quedaron en los talleres de La Prensa y nunca pudimos recuperarlos. Como sabrán, este diario del jirón La Unión desapareció hace más de treinta años y todo su material histórico y periodístico fue desperdigado por muchos lados; por eso es que hoy no tenemos, por ejemplo, sino muy contados ejemplares de Urpi, a tal extremo que los existentes son considerados reliquias de la historia de la literatura infantil peruana.
Hace unos meses en la Casa de la Literatura Peruana se hizo una exhibición de los pocos ejemplares que se han logrado recuperar y esto lo supimos gracias al interés que le ha puesto a este tipo de documentos el investigador y editor mexicano Carlos Maza. En otra oportunidad hablaremos más extenso de este suplemento infantil que en su mejor momento llegó a tener un tiraje de más de cien mil ejemplares a la semana y en el que participaron gente como Carlota Carvallo de Núñez, Arturo Corcuera, Francisco Izquierdo Ríos, Tilsa Tsuchiya, Julia Nobuko, Charo Núñez,  Alfonso Respaldiza, entre otros.
Volviendo a los cuyes, como mencionamos antes, a diferencia del legendario cuy de Juan Acevedo, Cuyín tuvo una fugaz pero relevante vida pública. Nuestra persistencia de seguir haciendo historietas para niños con él, al parecer se convirtió en un obstáculo insalvable para su vigencia. Después de la experiencia militar que exaltó la producción nacional para niños en la prensa y la televisión (caso como Titeretambo o La Casa de cartón), nunca más se le dio seria importancia a esta industria de la cultura infantil. Testigos son Ernesto Ráez, a quien conocimos cuando dirigía el teatro de títeres del INTE o Walter Meza Valera que intentó relanzar programas parecidos, pero no tuvo el apoyo necesario.
En los ochenta, recorrimos algunas redacciones con nuestras historietas, pero siempre nos salían con la misma cantaleta: no teníamos el perfil porque estaba de moda la historieta de humor político. Esa fue la partida de defunción de Cuyín. Intentamos vanamente salvar al deshauciado publicando por nuestra cuenta cuadernillos, pero la crisis económica y la necesidad de subsistir nos obligó a abandonarlo. Por un tiempo nos dedicamos a hacer tiras cómicas con otro personaje llamado Maquisapa, que era de un humor blanco, pero no infantil, en diarios como El Callao y El Nacional.
Esta página de Cuyín la hemos rescatado de una de nuestras tantas incursiones en las imprentas donde mándabamos a imprimir los cuadernillos en tiraje limitado. Lamentablemente no tenemos artes originales porque dibujábamos directamente sobre el cartoncillo offsett o en papel canson para quemado directo de placas. Era cuestión de costos.
Pero allí no terminó nuestra carrera de historietistas,a mediados de 1987 pudimos publicar una serie de historietas infantiles basadas en fábulas peruanas en el semanario Visión peruana; más específicamente en el suplemento infantil Futuro que editaba Danilo Sánchez Lyón.
Que nunca hayamos sido considerados por nadie en la historia del cómic peruano por no hacer historietas políticas o para adultos sino historietas para niños, no nos quita el sueño, porque consideramos que mayores merecimientos lo tienen Juan Osorio o Hernán Bartra con Coco, Vicuñin y Tacachito o El Trome. Pero tenemos la esperanza que algún día la historieta para niños tenga un sitio especial dentro de la historia de los cómics peruanos, lo decimos porque sabemos que existen muchos jóvenes con talento que les gustaría desarrollar este rubro, pero que se ven ninguneados por los otros que aparentan ser "más intelectuales".
Mientras, nosotros hemos volteado la página, pero no para siempre, sino hasta que llegue un gobierno o existan instituciones privadas o públicas que se interesen verdaderamente por darle a nuestros niños cosas ajenas a la televisión basura.

viernes, 12 de junio de 2015

ESE AMOR PLATÓNICO QUE ES LA RADIO

Hace poco tuvimos el agrado de ser entrevistados por una importante radio emisora de Lima. Una radio que nació humildemente en el distrito de Chorrillos y que hoy compite con las más poderosas cadenas noticiosas del País. Radio Exitosa ha crecido a puño limpio de la mano de don Rubén Sánchez Gómez, experimentado periodista radial.
Aunque  ingresar a una cabina no es una experiencia nueva para nosotros, lo que nos emocionó grandemente  fue recordar aquellos tiempos en los cuales dirigimos y conducimos programas de radio. Colocarnos los auriculares y ajustar el micrófono fue como un viaje al pasado.
En 1989, luego de algunos experimentos en pequeñas radio emisoras de barrio, logramos incluir en Radio RBC nuestro programa "Somos el Mundo" a nivel nacional.  Muchos se preguntarán que de novedoso o importante tenía este programa. "Somos el mundo" era un programa para niños cuyo objetivo era inculcar la identidad nacional con recursos muy atractivos y afines a nuestro entorno cultural. Para el efecto acudimos a viejos  personajes que habíamos creado para historietas como Cuyín, Maquisapa y Taruco, eran nada más ni menos que animales de nuestra fauna nacional: el cuy, el mono araña y el venado. Estos personajes -a los cuales le poníamos voz- describían nuestra realidad con gracia y atractivos diálogos. Del mismo modo, los oyentes podían conversar a través del teléfono al aire sobre sus orígenes, de dónde eran sus abuelos  o sus padres, qué recordaban de la tierra de sus ancestros, qué tipo de música cantaban o bailaban, qué animalitos criaban en casa o qué comida hacían las mamás.
El impacto de este programa incidió en el rating de RBC los domingos a las nueve de la mañana y no faltó por allí algún dueño de otra emisora vecina que intentó contratarnos para sustituir a sus payasitos de circo que fungían de conductores de su hora infantil. El programa terminó asesinado por el fujishock de julio de 1990. Pero tuvimos la dicha de compartir con muchachos como Miqui García y Moisés de María que aprendieron mucho de nuestra experiencia. Hoy Miqui es un reconocido locutor que labora en varias emisoras de Argentina y Moisés es un gran músico y compositor.
En año de 1995 volvimos con este programa en Radio Latina con mediano éxito porque dicha emisora era solo capitalina.
En el año 2005, los directivos de Radio María nos convocan a participar en su programación,  aceptamos gustosos y presentamos el proyecto que llamamos "El valle de los valores". Otra vez estábamos en una emisora a nivel nacional y pudimos también aportar con nuestras ideas para contribuir a inculcar valores entre los oyentes niños y jóvenes. Después de más de un año de exitoso trabajo ad honorem cerramos este hermoso capítulo en nuestras vidas.
Siempre estuvimos enamorados de la radio, fue nuestro amor platónico. Hoy estamos casados con la literatura, aunque con esto de los nuevos modelos de familia, quien sabe.

miércoles, 8 de enero de 2014

NOBUKO TADOKORO, hechicera del dibujo infantil peruano


Quizás pocos recuerden quién es ella. Su figura, cetrina y menguada recorriendo sutilmente las calles de Lima, estaba lejos de revelar la poderosa magia que emanaba de sus manos. Parecía una hechicera buena cuya varita mágica transfigurada en un pincel, le ha dado a la ilustración infantil peruana un estilo muy propio y del que poco o casi nada se ha estudiado.
La conocíamos y la conoceremos sólo por su seudónimo: Nobuko; porque así firmaba sus dibujos, sin más datos rimbombantes que nos diera una pista de cuál era su nombre y su biografía completos; solo supimos que había egresado de la Escuela de Bellas Artes, que al inicio de su carrera pintaba cuadros.
Gustaba de tomar café y prender un cigarrillo a la manera de las mujeres libres de la década de los setentas. Con esa voz que no parecía salida de garganta tan frágil, hablaba, primero de sus trabajos, luego de su vida, de lo mucho que ganó ilustrando importantes libros para niños del siglo pasado en instituciones privadas y públicas como el Instituto de Investigación y Desarrollo de la Educación (Inide), y de los desengaños que la golpearon peor que a Vallejo.
Y nosotros recordamos nuestra adolescencia en 1975, cuando aún escolares íbamos llevando cada semana nuestros dibujos al histórico suplemento infantil URPI; sorprendentemente éramos compañeros de trabajo, la veíamos llegar, mujer joven, más ágil, más artista, sus pequeños pasos subían por la escalera al segundo piso del ahora inexistente local del fenecido diario La Prensa, en pleno jirón de la Unión. Ingresaba a la oficina de redacción de Urpi con su enorme cartapacio, de donde salían coloridas cartulinas para ilustrar las páginas del entrañable suplemento del diario que en ese entonces dirigía el maestro Walter Peñaloza.
Para ella, nosotros éramos unos niños que algún día seguiríamos su camino. Se equivocó un poco, porque, si bien no dejamos completamente los lápices y pinceles por el teclado, le dimos mayor dedicación a nuestros escritos.
Pasaron los años y volvimos a encontrarnos con una Nobuko más madura, en otro suplemento infantil de los que ahora ya no existen:Visión Futuro del semanario Visión Peruana que dirigía César Hildebrantd, allí, con Danilo Sánchez como editor, mientras nosotros dibujábamos las historietas, ella hizo maravillas en portadas e interiores. Y después, percibimos de lejos cómo envejecía, poco a poco, mientras llenaba de magia libros y libros que terminaban en las manos de los niños peruanos de fines del siglo XX.
Con el nuevo milenio, la vieja hada madrina pareció inesperadamente perder su don. Ya no la llamaban los editores, menos reconocían su trabajo las instituciones públicas y privadas que tanto la reclamaron antaño. Es decir, la olvidaron. Otros amigos dicen que fue ella quien se auto exilió voluntariamente.
En sus últimos años volvió a su origen: pintar cuadros para sobrevivir, vendiéndolos a quien pagara lo que quiera o pueda. La pobreza fue la única amiga que la acompañó después de regalar su genio a varias generaciones de lectores infantiles.
Julia Nobuko Tadokoro Takamatsu, dejó pintar en la primavera del año 2009, murió como mueren los artistas consecuentes: sin homenajes, sin reconocimiento de nadie, en el olvido, en medio de la miseria. Para ella no hubo carroza halada por caballos ni pompa, menos prensa alcahueta. ¿Será acaso porque no le cantaba a los bohemios de bares o a los políticos de turno, sino regalaba su arte a los niños de la escuela?
Desde este rincón siempre te recordaremos, Nobuko, la inolvidable artista de los niños, la de los dibujos candorosos y colores alborotadores, la madre original de la ilustración infantil peruana.

martes, 25 de diciembre de 2012

COMAS, NO HABÍA AGUA Y SEMBRARON ÁRBOLES...

Pampa de Comas era, a mediados de la década de los cincuenta, un lugar seco y polvoriento. Una conformación de laderas de cerros que miran al oeste, hacia el mar, al cual aún podemos divisar desde las cumbres. Al pie de las faldas corre el valle de Carabayllo, que es la parte baja del río Chillón, en ese entonces ricas tierras de cultivo que eran la despensa de Lima.
Este valle tiene una antiquísima historia. Allí existió un extenso señorío llamado Colli o Collec que dominó y defendió la zona ferozmente desde su fortaleza de Collique. En la época colonial este valle se dividió en haciendas que producían buen trigo. En la República, estas haciendas, entre las que destacaban, Comas, Collique, Naranjal, Infantas y Pro, fueron incluidas dentro de la jurisdicción de Carabayllo. A inicios del siglo XX, surgieron concesionarios que explotaban las minas de cal de Collique y cuyos trabajadores vivían en chozas provisionales en las zonas aledañas. La crisis de mediados del siglo pasado obligó a esta humilde gente a organizarse y tomar las tierras eriazas cercanas. Allí empezó todo.
Ya no existían los collis, pero ahora era poblada por una raza pujante y estoica: los invasores de Pampa Comas.Un ejército de visionarios que "sembraron árboles donde no había agua", como menciona el poeta mayor Leoncio Bueno. En lo que se conoce como la segunda gran invasión de Lima (la primera se consolidó en 1932 con la barriada de Leticia, en el distrito del Rímac), Comas nace al norte de Lima, al igual que Villa María del Triunfo en el sur, entre 1952 y 1954 . Sin embargo, recién ocho años más tarde aparecen los centros poblados más grandes e históricos de nuestro distrito: Villa Señor de los Milagros y El Carmen.
El tío abuelo Juan Sandoval nos trajo desde el Callao a vivir aquí. Teníamos cuatro años y tuvimos el privilegio de ver cómo nace un pueblo. La gente organizada armó sus chozas entre las tercas piedras que no querían dar espacio, avanzando entre el polvo, las lagartijas y alacranes, sacándose las espinas de los cactus secos clavados en las piernas. Eran las hoscas faldas de los cerros del kilómetro trece de la carretera a Canta , hoy perteneciente a la Av. Belaúnde, que se cruza con la Av. Túpac Amaru, la histórica, la roja, la revolucionaria.
Estos poderosos hombres y mujeres vencieron a la indómita naturaleza y junto a sus casas trazaron calles, espacios para mercados y parques, para la iglesia y el cementerio al fondo, arriba, casi besando las cumbres de los cerros. En las noches oscuras prendían candiles para no tropezar con  piedras o caer en huecos, mientras el agua llegaba en cisternas que subían por los caminos hechos a brazo y lampa.
Después llegarían la luz eléctrica, el agua potable y los hijos profesionales.  Al poco tiempo aparecieron los vecinos de las urbanizaciones a bien usar el esfuerzo de esta gente de los cerros que abrieron el camino generosamente. ¿Quién hubiera pensado que estos "pobres hombres y mujeres" eran en realidad precursores de una nueva Lima? El 12 de diciembre de 1961, Comas es reconocido oficialmente como distrito y acaba de cumplir 51 años. Pero su creación fue heroica, a contra viento, de cero; a diferencia de la misma Lima que prácticamente fue un regalo de Taulichusco. A los comeños no les regalaron nada.

domingo, 29 de enero de 2012

CHACHO MARTÍNEZ: "LOS PRIMOS DE MI PRIMO"

El 27 de enero de hace diez años, el inolvidable Cesáreo "Chacho" Martínez se marchó al parnaso, la patria eterna de los poetas, sin poder afianzar una relación familiar que sorpresivamente había surgido entre nosotros unas semanas antes del fatal aconteciento.
Sin embargo, conocíamos al autor de Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga) desde antaño, pues frecuentábamos amistades comunes. Aunque estos encuentros eran fugaces y un poco distantes, unas veces en el local de Ediciones Quipu y otras en alguna reunión social organizada por los clubes provinciales de Arequipa -especialmente Cotahuasi-, le teníamos una especial consideración pues era un paisano notable de papá y mamá, también arequipeños, también Unionenses, nacidos en el pueblo de Toro, a media hora de distancia de Cotahuasi, la amada cuidad natal de Chacho Martínez.
Poeta, periodista, funcionario público y bohemio incansable, Chacho no le escatimaba su amistad a cualquiera que se le acercara con ideas, proyectos o, simplemente para ayudar u orientar al novato. Esto último hizo con nosotros en una entrevista que nunca imaginamos se llegaría a concretar bajo una circunstancia bastante insólita.
Era finales del 2001 y recibimos una llamada telefónica de un primo arequipeño que nos dijo que estaba en Lima por motivos de trabajo (era flamante subprefecto de Cotahuasi) y quería darnos una sorpresa. Acudimos prestamente al hotel donde se hospedaba, allí nos alcanzó un papel con un nombre escrito.
-Tomen, primos -nos dijo-, yo se que ustedes desde hace tiempo quieren presentar sus proyectos al Ministerio de Educación. Aquí tienen el nombre de mi primo que les puede ayudar, búsquenlo.
Leímos el papel y grande fue nuestra sorpresa.
-¿Cesáreo Martínez es tu primo? ¿Es acaso el mismo "Chacho" Martínez que conocemos?
-Pues él es periodista y también poeta, como ustedes.
Aunque la comparación nos pareció exagerada, comprendimos que se trataba del mismo hombre. Visitar a Chacho tenía ahora doble motivo: primero decirle que, además de amigos comunes, teníamos también familiares comunes; y segundo, exponerle nuestras ideas y proyectos para el ministerio.
Como eran fiestas de fin de año, decidimos ir a buscarlo después, la primera semana de enero del 2002. Efectivamente, cuando llegamos al enorme local de San Borja donde se alojaban las oficinas del Ministerio de Educación (que por cierto el gobierno aprista más tarde vendería sin remordimientos), encontramos la Oficina de Coordinación Universitaria que Chacho Martínez dirigía. Luego de esperar en antesala largo rato, por fin entramos a su despacho. Allí nos recibió con una gran sonrisa pues sabía que éramos amigos de Hernán Alvarado, el dueño de Ediciones Quipu; pero nunca imaginó que también éramos primos de su primo. Al enterarse de la noticia nos enfrascamos en una larga conversación sobre el lugar de nuestros ancestros, sobre el gran Cañón que corría río abajo, sobre los vinos de Cotahuasi, especialmente el del valle de Chaucalla, las famosas minas de oro incas y coloniales; luego de sus libros y de los nuestros. La conversación se alargó tanto que no le pudimos exponer nuestro proyecto y acordamos hacerlo en una próxima reunión. Pero antes de marcharnos le dimos un ejemplar de nuestro libro Fábulas peruanas y él nos dio su Crónica SINcrónicas, haciéndonos una peculiar dedicatoria: "Para los primos de mi primo".
Lamentablemente nunca hubo una segunda reunión. Chacho Martínez moriría unas semanas después.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

LOS CABALLEROS DE CARLOS WIESSE

Carlos Wiesse fue un notable escritor y pedagogo tacneño (1859-1945) que hizo mucho por la educación peruana y por la recuperación de Tacna secuestrada por Chile después de la Guerra del Pacífico. En reconocimiento a su frondosa labor patriótica, le pusieron su nombre a uno de los colegios secundarios más emblemáticos de Lima Norte: la G.U.E. Carlos Wiesse de Comas. Allí estudiamos durante nuestra adolescencia y juventud.
Cuando todavía estábamos en primaria, papá dijo que pronto nos tocaría estudiar en este colegio y debíamos estar a la altura. No entendimos en ese momento a qué se refería. Más tarde lo supimos, no sólo porque en sus aulas dictaron clases respetados maestros catedráticos de la Universidad San Marcos, además de artistas, poetas y deportistas de renombre; sino por una historia épica que mucho tiempo después descubrimos.
¿Quién no ha escuchado el famoso huayno Flor de Retama? Un tema que ha recorrido el mundo y que muchos -equivocadamente- creyeron fue hecha para la infausta guerra interna de los 80-90. El mismo autor, Ricardo Dolorier, lo ha desmentido una y otra vez. Esa canción rinde homenaje a los escolares de Ayacucho que se levantaron en contra del D.S. Nº 06 dado en el año 1969 y que ponía en peligro la gratuidad de la enseñanza.
Fue en una reunión amical -ofrecida por un editor amigo, Hernán Alvarado- donde nos encontramos con el maestro Dolorier, le pedimos nos cuente una vez más la historia de Flor de retama; relató con paciencia el hecho ya conocido, pero además nos confesó un dato adicional y sorprendente: "Todo ésto empezó -dijo- en un humilde colegio de Lima, sus estudiantes iniciaron la lucha tomando el plantel, un ejemplo que luego los huantinos siguieron hasta morir. Ese colegio se llama Carlos Wiesse de Comas".
Entonces, comprendimos por qué nuestra alma mater resultaba tan singular frente a otros colegios con más tradición en Lima. Entendimos por qué el Carlos Wiesse era tan respetado, por qué del lema "donde hay un carlowisino, hay un caballero"; comprendimos por qué las protestas escolares reinvidicativas que se organizó en la década del 70 -como lo hacen hoy los escolares chilenos- eran seguidas entusiastamente por los demás colegios. No por gusto habíamos tenido directores como Jorge Castro Harrinson, no fue casualidad que maestros como Chatpman o Cisneros nos hicieran leer libros que hoy estarían prohibidos en las escuelas; por algo habíamos aprendido a conocer nuestros derechos y deberes, a conocer la solidaridad y la inclusión al que tenían derecho nuestros hermanos del Perú olvidado. Habíamos aprendido a tener el alma libre con poetas del pueblo como Leoncio Bueno y a buscar, aunque sea ilusión, un futuro perfecto, con justicia y sin desigualdades oprobiosas.
Por eso, cuando, aún escolares, participamos en una movilización en 1975 contra la dictadura militar que comandaba Morales Bermúdez, nuestra columna -que marchaba a Campo de Marte y la cual había empezado con un grupo de carlowisinos-, se hizo gigantesca en el camino porque los demás colegios se nos fueron adhiriendo. Claro, éramos del Carlos Wiesse, los herededos de una estirpe de luchadores que fueron los primeros en defender la gratuidad de la enseñanza en ese ya lejano abril de 1969.